«¿Cuánto debo arriesgar?» Es de las preguntas que más me hacen. Y casi siempre la hacen esperando un número: el 1 %, el 2 %, el 5 % de la cuenta.
No te voy a dar un porcentaje. No es que lo esconda: es que un porcentaje fijo no contesta la pregunta que de verdad importa. Lo que sí te voy a dar es la forma de pensarla, que es lo que te deja decidir con criterio con cualquier cuenta y en cualquier mercado.
El riesgo es lo único que controlas
A qué le llamo riesgo: la cantidad de dinero que pones en juego en una operación si tu idea no funciona. No es la probabilidad de perder. Esa la pone el mercado.
«El mercado pone la probabilidad, nosotros ponemos el riesgo.»
No controlas si la idea funciona: puedes hacer un análisis perfecto y que aun así no funcione. Lo que sí controlas, al cien por ciento, es cuánto te cuesta cuando no funciona.
El trading es un negocio raro: si vendes de puerta en puerta y te dicen que no, perdiste cinco minutos; en el trading, cada «no» te cuesta dinero. Como lo digo en la clase del Cuadrante del Riesgo: «El riesgo no es el enemigo; el enemigo es el riesgo mal ubicado, y es el que quema cuentas».
Preservar el capital antes que ganar
Casi todos llegamos al trading con el orden al revés: primero ganar, y luego ya veremos. El orden correcto es otro. Tu primer objetivo es preservar tu capital. El segundo, ganar.
Piénsalo como un mecánico. Si le quitas sus herramientas, ¿qué arregla con las puras manos? Nada.
«¿Y qué creen que pasa cuando le quitamos el capital a un operador? Deja de ser operador.»
Y hay una asimetría que conviene tener muy presente: una operación ganadora no te va a cambiar la vida, pero una sola operación mala sí te puede quemar la cuenta. Si una pérdida te tira a la lona, a lo mejor ya no te levantas. Eso es lo que pasa cuando quemas una cuenta, y en quemé mi cuenta te explico cómo se reconstruye.
Por qué arriesgar poco te da más tiempo para aprender
Antes del trading trabajé muchos años como diseñador con empresas que empezaban, las famosas startups. Todas hacían la misma cuenta: con este dinero nos alcanza para seis meses, y en ese tiempo hay que demostrar que esto funciona. Ese plazo era su pista de despegue. Mientras más cuidaban el dinero, más tiempo tenían para aprender y corregir.
Tu cuenta es tu pista de despegue. Imagina a dos personas con la misma cuenta. Una arriesga en cada operación cinco veces más que la otra. Si a las dos les toca una mala racha, la primera se queda sin cuenta en unas cuantas operaciones. La segunda tiene cinco veces más intentos. ¿Quién aprende más, el que tuvo 10 operaciones o el que tuvo 50?
En México, cuando estás comiendo en un lugar abierto, a veces se acerca alguien, te deja un dulce en la mesa y te dice «lo que guste cooperar». El mercado hace lo mismo: todos los días te deja una lección en la mesa, y tú decides cuánto pagas por ella.
«La lección que vamos a recibir va a ser la misma, pero la podemos pagar a 10 dólares o a 1,000 dólares.»
Si de todas formas hay que equivocarse para aprender, que te cueste poco. Por eso a quien empieza le digo siempre lo mismo: «Al principio vas a hacer trading para aprender, no para generar una ganancia».
El tamaño cambia tus emociones y tus emociones cambian tus decisiones
No es lo mismo ver que vas perdiendo 10 dólares que ver que vas perdiendo 1,000. Puede ser exactamente la misma operación, la misma entrada, el mismo stop. Con 10 dólares piensas con calma. Con 1,000, cada centavo que se mueve en contra se siente en el estómago, y empiezas a tomar decisiones que no estaban en tu plan: sales antes, mueves el stop, le agregas.
«Ya no estamos peleando con el mercado… ya estamos peleando con nosotros mismos.»
Por eso tanta gente es rentable en papel y pierde con dinero real: en papel no hay dolor (y el simulador te da precios que en real no siempre consigues). Si te pasa, el problema muchas veces no es la técnica, es el tamaño que traes encima.
Y aquí está el error más común con los contratos: comprar «cinco contratos» porque sí, sin ver cuánto dinero representan. El orden lógico es al revés: primero decides cuánto estás dispuesto a perder si la idea falla, y de ahí sale cuánto capital usar y cuántos contratos comprar. Por eso en cómo se escoge una opción digo que importa la cantidad de dinero que usas, no el número de contratos.
No todos los días merecen el mismo riesgo
Wall Street tiene dos palabras para esto: risk on y risk off. Hay temporadas en que el dinero grande sale a arriesgar y temporadas en que se guarda.
«Los fondos más grandes del mundo no arriesgan igual todos los días.»
Entonces, ¿por qué el operador que empieza sí arriesga igual todos los días, o más en los días malos? Un mercado lateral, sucio, sin dirección, baja tus probabilidades. Si las probabilidades bajan, tu riesgo también tiene que bajar. Y hay días en que lo correcto es no arriesgar nada; de eso hablo en cuándo es mejor no operar. Como digo en clase: «El mercado me tiene que convencer a mí, no yo al mercado».
Grande donde no hay nada, chico donde está todo
Para decidir cuánto arriesgar, me hago dos preguntas antes de cada operación: ¿qué tan probable es que funcione? y ¿cuánto me puede pagar si funciona? El cruce de las dos es lo que llamo el Cuadrante del Riesgo:
| Puede pagar poco | Puede pagar mucho | |
|---|---|---|
| Probabilidad alta | Riesgo bajo | Riesgo alto |
| Probabilidad baja | Riesgo cero: no se opera | Riesgo bajo |
Fíjate en el giro: la zona verde, la de probabilidad alta y ganancia alta, se llama riesgo alto. El riesgo alto no es el problema. El problema es el riesgo alto en la zona equivocada.
¿Qué hace el operador que no es rentable? Lo contrario: arriesga mucho cuando el mercado ya no ofrece nada, porque viene de perder y quiere recuperar, y poco justo cuando por fin aparece una buena oportunidad, porque le da miedo. En una frase:
«Grande donde no hay nada, chico donde está todo.»
Ojo: esto no es un permiso para cambiar el tamaño cuando tengas ganas. Mientras aprendes, lo sano es un tamaño chico y parejo, para que tus números signifiquen algo (lo explico en cómo se escoge una opción). Darle más riesgo a una zona que a otra es algo que se gana después, cuando tu registro demuestra que de verdad sabes en qué zona estás.
Esto es valor esperado puro: la misma cantidad arriesgada vale distinto según cuánto puede pagar y qué tan probable es (lo explico en qué es el valor esperado). Y ojo con algo: la probabilidad no se adivina, se construye con horas de mercado. Si todavía no lees bien el mercado, puedes creer que estás en la zona verde cuando estás en la roja, y ese error es el más caro de todos.
Subir el riesgo es un derecho que se gana
«La zona verde no se elige, se gana.»
Como en el karate: empiezas con cinta blanca y vas subiendo de cinta en cinta. A nadie lo ponen a pelear con una cinta negra el primer día. Con el riesgo es igual. Primero demuestras, con tus números, que tu lectura del mercado es real y que ejecutas tus reglas aunque duela. Después subes, y subes poco, para que tus emociones no cambien con el tamaño nuevo. «El riesgo es gradual: te tienes que ganar ese derecho».
Yo lo aprendí mal. Después de dos semanas en verde, de una semana a otra multipliqué varias veces mi tamaño, y el mercado me cobró la lección completa. No me faltaba técnica: me faltaba haberme ganado ese tamaño.
Entonces, ¿cuánto?
En internet abundan reglas como «nunca más del 1 % o del 2 % de tu cuenta». Le pueden servir a alguien, pero un porcentaje no sabe si estás aprendiendo, si el mercado está sucio o si vienes de perder. Antes de cada operación, mejor hazte estas preguntas:
- Si pierdo esta operación, ¿puedo seguir operando mañana sin cambiar cómo opero?
- ¿Puedo perder varias seguidas, cinco o seis, que tarde o temprano pasa, sin que eso me cambie?
- ¿Esta cantidad me deja pensar con calma mientras la operación está abierta?
- ¿El mercado de hoy de verdad merece este riesgo, o solo tengo ganas de operar?
Si alguna respuesta es no, o la cuarta es «solo tengo ganas», es demasiado. Y cuando dudes, arriesga menos: operar chico te puede costar ganancias, pero no te quema la cuenta.
Cuánto arriesgar depende de tu cuenta, de tu experiencia y del mercado de cada día, y eso se aprende mejor con tus propios números enfrente y viendo, cada mañana, cuándo alguien sube el riesgo, cuándo lo baja y cuándo decide no operar.
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